Hay lugares que forman parte de nuestro paisaje y, sin embargo, permanecen lejos de nuestra vida cotidiana. La sierra del Campo de Tejada es uno de ellos. La hemos tenido siempre ahí, a pocos kilómetros de nuestros pueblos, pero demasiadas veces hemos vivido de espaldas a ella.
Paradójicamente, han tenido que ser la altura de las llamas, el humo en el horizonte y el olor a madera quemada los que nos recordaran hasta qué punto la tenemos cerca. Durante estos días hemos aprendido nombres de parajes, caminos, barrancos y montes que quizá nunca habíamos escuchado. Hemos seguido con preocupación el avance del fuego por lugares que forman parte de nuestro propio territorio y que, para muchos, eran prácticamente desconocidos.
Y esa debería ser también una de las reflexiones que permanezcan cuando desaparezca el humo.
Nuestra sierra no es únicamente una extensión de terreno forestal. Es biodiversidad, bosque mediterráneo, fauna, paisaje, patrimonio y equilibrio ecológico. Es una riqueza natural construida durante generaciones que pertenece, de alguna manera, a todos los pueblos que conformamos la comarca histórica del Campo de Tejada.
Por eso tenemos el derecho a disfrutarla, pero también el deber de conocerla, respetarla y protegerla. Difícilmente puede defenderse aquello que se desconoce.
Cuando las circunstancias lo permitan llegará el momento de comenzar a recuperar lo perdido. Habrá que restaurar terrenos, favorecer la regeneración del monte y, donde resulte necesario, volver a plantar. Iniciativas como las que a buen seguro impulsará Ituci Verde pueden convertirse entonces en mucho más que una labor ambiental: pueden ser una oportunidad para que los vecinos volvamos la mirada hacia nuestra sierra.
Quizá un buen comienzo sea precisamente ese: subir a ella, recorrerla, participar en su recuperación y descubrir aquello que siempre hemos tenido al lado.
Ojalá no necesitemos volver a ver las llamas para recordar que la sierra también es nuestra.
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