Bomberos forestales del Plan INFOCA intentan achicar el incendio producido en 2004 en La Pata del Caballo, Escacena del Campo | Ituci Verde


Se cumplen dieciséis años de uno de los incendios forestales más intensos, extensos y dañinos de los que se recuerdan en los últimos años en nuestro país. Las provincias de Huelva y Sevilla fueron testigos de una lengua de fuego con más de 80 kilómetros de ancho que calcinó un total de 29.867 hectáreas de bosque mediterráneo a su paso.

En la comarca del Campo de Tejada aún se tiene presente los recuerdos de aquellos terroríficos días. Los sentimientos de rabia e impotencia se apoderaron del pensamiento de todos los vecinos de Escacena del Campo, un pueblo al que el fuego le arrebató gran parte de su sierra. A 72 kilómetros de allí, en la tarde del 26 de julio de 2004, Minas de Ríotinto se convirtió en el epicentro del desastre ecológico más importante de Andalucía.

Según la instrucción realizada por el SEPRONA de la Guardia Civil (Servicio de Protección de la Naturaleza), el incendio forestal que se propagó desde Huelva hasta Sevilla fue provocado por un sujeto que quemaba plásticos agrarios en las inmediaciones de Minas de Riotinto. Horas más tarde, esa quema de este material maleable generó un incendio que se descontroló en las horas siguientes a lo largo de 40 kilómetros en línea recta. Poblaciones onubenses como El Campillo, El Madroño, Escacena del Campo, Berrocal, Zalamea la Real, Paterna del Campo y también localidades sevillanas situados en la cuenca minera como El Castillo de las Guardas, Sanlúcar la Mayor, Gerena y Aznalcóllar conforman un total de once poblaciones y 30.000 personas afectadas.

José María Fernández, presidente de la asociación ecologista Ituci Verde, detalla a este medio que en aquellos días, el famoso triple treinta estuvo más presente que nunca. Según la ingeniería agrícola, para que se propicie un incendio forestal se necesitan unas condiciones climatológicas específicas: rachas de viento igual o superior a 30km/h, una humedad inferior al 30% y unas temperaturas superiores a 30ºC. En palabras del presidente de Ituci Verde, esas condiciones climatológicas se dieron y, sumado a que la escasez de humedad en el ambiente favorece que las plantas permanezcan más secas de lo habitual, el pasto se convierte en el combustible perfecto que necesita el fuego para emprender su devastador viaje.

Las zonas más afectadas por este incendio forestal pertenecen a la provincia de Huelva, si bien además de quemar diferentes términos municipales, el fuego se cebó con el paraje natural serrano de Tejada. Berrocal y “La Pata del Caballo”, terminología que recibe la sierra de Escacena del Campo, fueron dos puntos donde la intensidad del fuego marcó su máximo. En Berrocal residen aproximadamente unos 600 habitantes, los cuales tuvieron que abandonar sus hogares tras ser desalojados debido a la cercanía que alcanzó el fuego. Unos ciudadanos que tras abandonar su casa no sabrían si en algún momento podrían recuperar sus enseres. El incendio forestal además se saldó la vida de un matrimonio mayor que tras verse rodeado por el fuego, intentaron huir de él con la mala fortuna de que el fuego los alcanzó mientras huían en su vehículo. En cuanto a La Pata del Caballo, es un núcleo forestal que cuenta con más de 7.000 hectáreas de monte público, perteneciente a la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía donde el fuego calcinó todo tipo de seres vivos.

Las tareas de extinción no tardaron en desplegarse a lo largo y ancho de las dos provincias andaluzas, pero las condiciones climatológicas, sumado a la fuerza del fenómeno, se resistieron al trabajo de los profesionales del plan INFOCA. A pesar del aporte humano y físico de todo tipo como helicópteros, hidroaviones y vehículos de limpieza de montes se quedaron en el intento de sofocar una columna de humo que se medía por kilómetros. Las llamas que surgieron de la mano del hombre fueron sofocadas finalmente por la naturaleza. El fuego avanzó, arrasó y calcinó a una velocidad de 40km/h hasta que se topó con el río Agrio, en Aznalcóllar. Una localidad que ya conoce lo que puede alcanzar un desastre. Sería aquí donde el fuego disminuyó y donde la mano del hombre comenzaría a tener sentido.

El incendio arrasó gran parte de la sierra forestal de las provincias de Huelva y Sevilla | Ituci Verde


Las consecuencias de este grave desastre pudieron ser peores en La Pata del Caballo, en palabras de José María Fernández, los incendios forestales siempre dejan notas positivas, el fuego quemó en mayor medida Eucaliptos, una especie invasora en la sierra que fue sustituida por la flora propia del Monte Mediterráneo: encinas, alcornoques, lentiscos, quejigo, madroño… Unas tareas que emprendió Ituci Verde y aglutinó a un total de 200 voluntarios y más de 5000 plantaciones.

16 años después del desastre, el olvido inunda a los vecinos de las poblaciones afectadas. La única persona detenida por estar relacionada con el fuego quedó impune por la justicia tras no poder demostrar que Emilio Perdigón, con antecedentes penales, fuera el autor del incendio.

Sin embargo, los incendios se convierten en un peligro extremo cuando se acerca la época estival, en este periodo las zonas donde los termómetros superan los 50ºC se convierten en las zonas con más cuidado por parte de los organismos competentes. Según nos detalla Rocío Jiménez Garrochena, Delegada Territorial de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio en Huelva en la pasada legislatura, en Andalucía el plan INFOCA es un modelo en toda España y en el resto del mundo. Existen técnicos que se desplazan hasta otras comunidades y países del mundo para formar a sus homólogos y bomberos forestales en las técnicas de extinción y prevención de incendios. Por lo tanto, el problema de los incendios quizá no sea una mala cualificación del personal, ni tampoco una falta de medios, porque luchar contra una catástrofe ecológica de gran magnitud nunca es sencillo. Pero la única hipótesis que ha cobrado más valor fuera del ente público con el paso del tiempo es la insuficiente inversión en materia de prevención. En años anteriores, la inversión realizada por la Junta de Andalucía ha sido insuficente. Unos trabajos centrados en la construcción de cortafuegos, en la sensibilización entre la ciudadanía, en la limpieza del monte, en la vigilancia… Aquel primer lustro del dos mil la deficiencia existente en este tipo de materia, implica que hoy nuestros políticos locales y regionales apuesten por aumentar este tipo de inversión.

Los montes de la sierra de Escacena del Campo, completamente calcinados | Ituci Verde

En el verano de 2017, en Moguer, otro incendio arrasó una gran superficie de la costa onubense. En esta ocasión el fuego arrasó aproximadamente unas 7000 hectáreas, lo que supone un 23% del total arrasado en 2004. La cercanía de este último fuego al Parque Nacional y Natural de Doñana hizo temer lo peor a los ciudadanos de la provincia de Huelva. Pero en esta ocasión el incendio pudo ser controlado a tiempo y en él, la especie que más se perdió fue el pino. Estos incendios lejos quedan de ser comparados con los peores que se han sufrido en nuestro país. El que se produjo en 2005 en la provincia de Guadalajara arrasó más de 100.000 hectáreas de bosque. En el cual todavía se trabaja para su reacondicionamiento. O el incendio producido en California durante el pasado mes de noviembre de 2018, en el que fallecieron 94 fallecidos, 44 heridos y más de 114.000 hectáreas quemadas.

El pasado verano, otro incendio forestal en Paterna del Campo hacía temer a los vecinos de la comarca. En concreto fueron unas 1.500 hectáreas las que fueron arrarasas por el fuego. El viento y las altas temperaturas hicieron que la extinción del mismo se produjera una semana después de que comenzaran las llamas.

Tras los incendios, los gobiernos de los diferentes niveles se comprometieron en ofrecer ayudas económicas en un periodo determinado de años. En el caso del producido en Huelva, se prometieron convenios para restaurar montes durante 15 años. Lo cierto es que al cuarto año desaparecieron. El anterior ejecutivo andaluz admitió, que a pesar del paso del tiempo, las negociaciones han continuado abiertas. Obras millonarias de centros atrasadas, impagos y descontrol en la burocracia hacen que a pesar del mayor desastre ecológico que Andalucía recuerde, las inversiones hasta ahora no han estado a la altura de las circunstancias.