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| Su verdadera historia poco tiene que ver con una formación rocosa natural. |
La popular estructura que sobresale frente a la playa no es una roca ni los restos de un antiguo muelle, sino la cimentación volcada de la Torre de la Higuera, construida para proteger la costa onubense
Quienes pasean por la playa de Matalascañas se encuentran inevitablemente con ella. Un enorme bloque de piedra, castigado por las olas y situado a escasos metros de la orilla, se levanta frente al paseo marítimo como uno de los símbolos más reconocibles de esta localidad costera.
Popularmente, hay quienes la llaman el «tapón de Matalascañas», aunque es mucho más frecuente referirse a ella como la piedra de Matalascañas. Su verdadera historia poco tiene que ver con una formación rocosa natural.
Lo que vemos actualmente es la base invertida de la antigua Torre de la Higuera, una construcción defensiva levantada hace más de cuatro siglos para vigilar la llegada de piratas y embarcaciones enemigas.
Para comprender su origen hay que remontarse a comienzos del siglo XVI, cuando Sevilla se convirtió en el gran centro del comercio con América.
La costa por la que pasaban las flotas de Indias
En 1503 se estableció en Sevilla la Casa de la Contratación, la institución encargada de regular y controlar los viajes y el comercio entre la Corona y los territorios americanos.
Sanlúcar de Barrameda desempeñaba entonces un papel fundamental como antepuerto de Sevilla. Allí se terminaban de aprovisionar los barcos antes de emprender la travesía atlántica y por sus aguas pasaban también las embarcaciones que regresaban cargadas de mercancías procedentes de América.
Las flotas navegaban frente a la costa de lo que hoy conocemos como Doñana y Matalascañas. La zona era, por tanto, un punto estratégico, pero también especialmente peligroso.
La presencia de barcos cargados de productos y riquezas despertaba el interés de piratas, corsarios y potencias enemigas. Muchas de estas embarcaciones podían ocultarse o refugiarse en las formaciones arenosas y en las desembocaduras existentes entre el litoral portugués y la costa de Huelva.
Era necesario vigilar el horizonte.
Una cadena de torres frente al océano
Durante el reinado de Felipe II se ordenó construir una línea defensiva a lo largo de la costa, desde las proximidades de Sanlúcar de Barrameda hasta la desembocadura del Guadiana.
El sistema estaba formado por una sucesión de torres almenaras levantadas en puntos estratégicos desde los que se podía observar el mar y mantener contacto visual con las construcciones más cercanas.
Entre ellas se encontraban la Torre Carbonero, la Torre del Pico del Loro, la Torre de San Jacinto y la propia Torre de la Higuera.
La función de estas torres era detectar la presencia de piratas o embarcaciones sospechosas antes de que pudieran alcanzar la costa o atacar a las flotas que navegaban por la zona.
La Torre de la Higuera se encontraba aproximadamente en las inmediaciones del actual faro de Matalascañas, sobre una zona elevada que permitía dominar una amplia extensión del litoral.
El antiguo sistema de alarma
El funcionamiento de las torres era sencillo, pero eficaz.
Los centinelas permanecían atentos al horizonte. Cuando observaban la presencia de barcos enemigos realizaban señales mediante columnas de humo, conocidas como ahumadas.
Al recibir el aviso, las torres situadas a ambos lados repetían la señal. De esta forma, la alarma se propagaba rápidamente a lo largo de toda la costa.
En pocos minutos, la denominada entonces playa de Castilla podía llenarse de columnas de humo que advertían a las poblaciones del interior de la llegada de piratas.
Era una especie de sistema de comunicaciones en cadena creado varios siglos antes de la aparición de la radio, el teléfono o las modernas señales de emergencia.
¿Por qué la torre está tumbada?
La imagen actual de la piedra de Matalascañas puede provocar confusión. La estructura que sobresale del agua no es la parte superior de la torre, sino su zapata de cimentación, es decir, la base sobre la que se apoyaba toda la construcción.
La Torre de la Higuera se levantaba sobre un antiguo acantilado costero conocido como el acantilado del Asperillo. La erosión provocada por el mar fue debilitando progresivamente el terreno hasta que la construcción perdió estabilidad y terminó cayendo hacia la playa.
Al desplomarse, la torre quedó completamente volcada. Su base, que originalmente se encontraba enterrada, terminó orientada hacia arriba, mientras que buena parte del resto de la estructura quedó bajo la arena y el agua.
Esa cimentación invertida es el enorme bloque que actualmente contemplan los visitantes.
¿Cayó durante el terremoto de Lisboa?
Una de las historias más repetidas sostiene que la Torre de la Higuera se desplomó como consecuencia del terremoto de Lisboa de 1755 y del posterior maremoto que afectó a buena parte del litoral atlántico.
Sin embargo, esta explicación plantea dudas.
Existe un plano fechado en 1743, doce años antes del terremoto, en el que la torre ya aparece representada como una construcción caída o arruinada.
Por este motivo, se considera que debió desplomarse antes de 1755, posiblemente como consecuencia de la erosión del acantilado o de algún fuerte temporal marítimo.
La fecha exacta continúa sin conocerse con absoluta certeza, pero las pruebas documentales indican que el terremoto de Lisboa difícilmente pudo ser el responsable directo de su caída.
De torre defensiva a símbolo de Matalascañas
La Torre de la Higuera dejó de cumplir su función defensiva hace siglos. Ya no hay centinelas observando el horizonte ni columnas de humo que alerten de la llegada de piratas.
Sin embargo, su cimentación continúa resistiendo frente al mar.
Con el paso del tiempo, aquella antigua construcción militar terminó convertida en uno de los principales símbolos de Matalascañas. Miles de personas se fotografían cada año junto a la piedra sin saber que están contemplando los restos de una torre que formó parte de la defensa de las flotas de Indias.
No se trata de una roca, ni de un muelle, ni de una estructura colocada para frenar el oleaje. Es el último vestigio visible de una torre que vigilaba el océano en una época en la que los piratas podían aparecer en cualquier momento tras la línea del horizonte.


