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| Imagen recreada mediante inteligencia artificial a partir de una fotografía real del yacimiento arqueológico de Tejada la Vieja. Los elementos cerámicos y vegetales son ilustrativos. |
Una investigación internacional desarrollada por especialistas de las universidades de Upsala y Estocolmo (Suecia) y Tubinga (Alemania) ha identificado restos microscópicos de plantas en una vasija procedente del yacimiento arqueológico de Tejada la Vieja, en Escacena del Campo (Huelva). Los resultados, combinados con análisis anteriores de residuos orgánicos, permiten plantear nuevas hipótesis sobre la conservación de alimentos y las técnicas utilizadas para fabricar cerámica hace más de 2.000 años.
El estudio, publicado el 30 de enero de 2026 en la revista científica Frontiers in Environmental Archaeology, ha analizado muestras arqueológicas procedentes de tres enclaves de la provincia de Huelva: Tejada la Vieja, Peñalosa y el yacimiento de Hacienda, situado en la capital onubense.
En el caso de Tejada la Vieja, los investigadores han estudiado un fragmento de cerámica recuperado durante una excavación realizada en 1981. Más de cuatro décadas después, los avances en las técnicas de análisis han permitido obtener nueva información sobre los posibles usos de este recipiente y las prácticas alimentarias de quienes habitaron el asentamiento durante la Edad del Hierro.
La investigación forma parte de una línea de trabajo destinada a comprender las relaciones culturales entre las comunidades indígenas del suroeste peninsular y los fenicios durante el primer milenio antes de Cristo, una etapa marcada por los intercambios comerciales y la circulación de productos, conocimientos y costumbres.
Una vasija que podría haber servido para conservar alimentos
En el caso de Tejada la Vieja, los investigadores estudiaron una muestra de apenas 1,048 gramos de polvo cerámico, obtenida de la pared interior de un fragmento del borde de una gran vasija de almacenamiento, localizada durante una excavación arqueológica realizada en 1981.
Mediante el análisis de fitolitos —estructuras microscópicas de sílice que se forman en los tejidos vegetales y pueden conservarse durante miles de años—, el equipo identificó restos asociados a gramíneas silvestres o cereales.
En concreto, el 7,5 % de los fitolitos estudiados correspondía a estructuras vegetales relacionadas con las partes reproductivas de estas plantas, lo que podría indicar que el recipiente se utilizó para almacenar vegetales maduros, cereales o subproductos agrícolas.
Los resultados adquieren especial interés al combinarse con análisis anteriores de residuos orgánicos. Estos habían identificado en la misma vasija una elevada concentración de sustancias compatibles con grasa de animales rumiantes, además de compuestos relacionados con productos frutales ricos en ácido málico.
A partir de estos indicios, los investigadores plantean que la grasa animal pudo haberse utilizado para favorecer la conservación de productos vegetales previamente preparados o cocinados.
De este modo, una de las interpretaciones más probables que recoge el estudio es que el recipiente sirviera para almacenar algún tipo de alimento elaborado o procesado. No obstante, sus autores advierten de que se trata de una hipótesis basada en los restos identificados y no de una reconstrucción definitiva de su contenido original.
Las cenizas de madera, una posible técnica para mejorar la cerámica
Otro de los resultados relevantes está relacionado con la propia fabricación de los recipientes.
Las tres muestras arqueológicas estudiadas contenían fitolitos asociados a árboles y arbustos, especialmente a sus tejidos leñosos. La presencia de estos restos en vasijas de características y procedencias diferentes ha llevado al equipo científico a investigar si respondían a una práctica artesanal compartida.
La hipótesis que consideran más probable es que las comunidades de la época emplearan cenizas de madera como aditivo para preparar o mejorar la arcilla utilizada en la fabricación de cerámica.
Esta posible técnica, que habría estado extendida por distintos asentamientos del suroeste peninsular, permitiría conocer mejor los conocimientos artesanales y las tradiciones compartidas por sus habitantes.
El estudio también señala la presencia de cera de abeja y resina de coníferas en los análisis de residuos orgánicos, sustancias cuya combinación pudo emplearse para sellar e impermeabilizar determinados recipientes.
Nuevas pistas sobre las relaciones entre fenicios y poblaciones indígenas
La comparación entre los tres yacimientos ha permitido detectar diferencias en los restos vegetales encontrados.
Mientras que la muestra de Tejada la Vieja presenta indicios de gramíneas de clima templado, compatibles con cereales, en la cerámica recuperada en la ciudad de Huelva se identificaron también restos relacionados con plantas como el mijo.
Los autores consideran que estas diferencias podrían aportar información sobre cambios en la agricultura y en los hábitos alimentarios, así como sobre los contactos culturales entre las poblaciones del sur de la península ibérica y las comunidades del norte de África.
Estas interpretaciones todavía requieren nuevas investigaciones y un mayor número de muestras para determinar el alcance real de esos posibles intercambios.
Nuevas posibilidades para investigar el pasado
Más allá de los resultados arqueológicos, el trabajo destaca por una aportación metodológica: demostrar que el polvo cerámico sobrante de análisis químicos anteriores puede reutilizarse para obtener información adicional sin necesidad de extraer nuevas muestras de las piezas originales.
Pese a trabajar con cantidades próximas a un gramo, los científicos consiguieron recuperar fitolitos en buen estado de conservación en las tres muestras estudiadas.
El hallazgo abre nuevas posibilidades para investigar materiales arqueológicos que ya han sido analizados y que, en muchos casos, se conservan desde hace décadas en museos y centros de investigación.
En el caso de Tejada la Vieja, asentamiento fortificado cuya ocupación se desarrolló entre los siglos IX y IV antes de Cristo, estos resultados aportan nuevas evidencias para reconstruir aspectos de la vida cotidiana de sus habitantes, desde la posible preparación y conservación de alimentos hasta las técnicas empleadas para fabricar los recipientes que utilizaban.
Una investigación que demuestra cómo una pequeña cantidad de polvo procedente de una cerámica antigua puede seguir proporcionando información sobre las sociedades que habitaron el Campo de Tejada hace más de dos milenios.
Referencia científica: Ferrara, V., von Allmen, R., Salame González, M. F. y Revert Francés, E. (2026). Lab waste as hidden treasure. Early results of phytolith analysis from Iberian prehistoric post-ORA pottery powder. Frontiers in Environmental Archaeology, 4, 1626314.
Artículo original: https://doi.org/10.3389/fearc.2025.1626314

