Lucía Rodríguez Peláez, conocida artísticamente como "Lucía de Manuela", tiene 22 años, es vecina de Escacena del Campo y ha demostrado una pasión por el arte en todas sus expresiones, y en concreto por la danza, desde que tiene uso de conciencia. Desde los 6 años Lucía frecuentó numerosas academias de baile que la llevaron a formarse de manera profesional en el Conservatorio de Danza de Sevilla "Antonio Ruiz Soler", en el que estudia desde hace 5 años. 




-Lucía, estamos encantados de que seas la primera persona en estrenar la sección de entrevistas de Diario de Tejada y celebrar contigo, en este 29 de abril, el Día Internacional de la Danza. Para empezar con la entrevista ¿Qué supone para ti la danza y el mundo del espectáculo?

En primer lugar me gustaría agradecer que os hayáis acordado de mí para estrenar esta sección, es todo un orgullo.

Puede que suene muy típico, pero para mí danza significa vida. No me imagino mi vida sin la danza. Pienso que es la forma perfecta de canalizar emociones; si estás triste, bailas; si estás alegre, bailas, y así con todo.

La danza es una disciplina muy dura, supone mucho más esfuerzo psicológico que físico, pero nada es comparable con la satisfacción de ver como poco a poco vas alcanzando tus metas.


-¿Dónde y cómo empezaste a bailar?

Empecé a bailar cuando tenía solo 6 años en mi pueblo, Escacena. Mercedes Pérez, la que ha sido mi profesora durante mucho tiempo, venía los sábados por la mañana a la Asociación de Mujeres "Abril" y allí impartía sus clases. Tengo recuerdos muy bonitos de aquella época.




-¿Con qué estilo te identificas más?

Sin ninguna duda, el estilo con el que más me identifico es el flamenco, que por cierto, ya es Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

Desde muy pequeña he sido aficionada a este, sobre todo al cante. Mi abuela solo escuchaba flamenco y coplas y yo me pasaba el día entero con ella. En honor a ella se debe mi nombre artístico “Lucía de Manuela”, como mi pequeño homenaje.


-Sabemos que enseñas baile flamenco, que lo has estudiado y que, además te has formado en pedagogía ¿Cómo es esta combinación?, ¿dónde está el punto de fusión? ¿Qué es lo más reconfortante de transmitir los conocimientos del flamenco?

Pienso que un profesor, sea de la especialidad que sea, lo primero que tiene que tener es vocación por lo que hace. Yo por suerte, he tenido muchos profesores de danza a lo largo de mi vida, algunos me han gustado más y otros menos, pero de todos he aprendido algo; sabía a los que quería parecerme y a los que no.

A mis “alumnas”, siempre he intentado transmitirles el amor que yo siento por lo que hago, y sobre todo, enseñarles desde el respeto.

Sin duda, lo que más me gusta de todo, es ver como los pequeños (y los que no lo son tanto) disfrutan haciendo lo que yo les enseño. Esa es la mayor recompensa.


-¿Sueles crear coreografías más personales? Y si es así ¿dónde encuentras la inspiración?

Lo más bonito que tiene el arte, es que nadie es igual a nadie. Todos estamos en la búsqueda constante de nuestro estilo. Cada cosa que hago intento llevármela a mi terreno e intento que todo el que lo vea me reconozca cuando lo hago.

Tengo muchos referentes artísticos, como puede ser Eva “la hierbabuena”, María Canea, Adela Campallo, Manuel Liñán (entre muchos otros). Intento nutrirme mucho de todos ellos porque creo que aportan cosas muy bonitas al flamenco.




-Sabemos que has participado en numerosos espectáculos y encuentros musicales de la zona ¿Te ves desarrollándote como profesional de la danza en un entorno rural como el Campo de Tejada?

No es una opción que descarte, pero a corto plazo el único plan que tengo a nivel profesional es seguir formándome, ya que en este mundo (igual que en muchos otros) nunca se sabe lo suficiente ni se está lo bastante preparado.

-¿Crees que existe el suficiente reconocimiento profesional en el mundo de la danza?

Sinceramente creo que no. Me acuerdo cuando estaba en el instituto y comenté que estaba preparándome para acceder al conservatorio y poder estudiar allí, y los profesores eran los primeros que no tenían ni idea de que la danza también era una carrera.

Siempre he tenido que compaginar la danza con otros estudios (cosa que a día de hoy sigo haciendo) porque la sociedad actual no tiene la información suficiente para entender todo el sacrificio que una carrera artística supone. Cada vez que digo que estudio danza, la pregunta que siempre me hacen es: “Pero, ¿solo estudias danza?”, como si eso ya fuera poco.

Me encantaría que esto en un futuro cambiara, y que realmente se les reconocieran a los artistas (de cualquier disciplina) el mérito que tienen. 


-Durante el estado de alarma has estado animando a Escacena y a tus seguidores subiendo vídeos bailando en tu terraza ¿Cómo afecta el confinamiento a los profesionales de la danza? ¿Supone un trastorno en los ensayos y aprendizajes?

Teniendo en cuenta que antes del confinamiento solía bailar de media unas cinco horas al día a un nivel intenso, esto ha supuesto un freno bastante importante en nuestra carrera. Intentamos mantener la forma física de cierto modo pero no disponemos en nuestras casas de los suelos ni los materiales especiales para poder desarrollar en condiciones nuestra actividad.

Gracias también a la bailaora onubense María Canea que todas las semanas sube unos “retos” de baile a sus redes sociales para que todos podamos seguir aprendiendo durante el confinamiento. Es por ella que subo los vídeos.